Al pensar
Nunca había sentido nada parecido a lo que mi cuerpo
experimento tras el deseo de tener todo el placer que hay en el mundo…
En aquellos rincones de mi mente guardo cada deseo y
fetiche; devorar el cuerpo con tan solo miradas, fue el primero. Él se adentró
a revolcar mis placeres propios, aquellos que mantenía presos para mí misma.
Incinere la inocencia con el fuego del gemir en mitad de un agitado mar, que
impactaba sus olas contra las rocas cual movimiento pélvico impactaba contra
sus caderas. Ella cantaba al compás del sonido de los animales al mantener el
intimo acto sexual en un amplio terreno vacío… Se perdió aquella pequeña capa
que protegía todo síntoma de pureza en aquellos antiguos siglos de realeza.
Perecí ante su mirada… no precisaba decir lo que anhelaba para que su cuerpo lo
diera… Sentí que estábamos conectados.
Había pasado algo de tiempo y sentí el tensionamiento de mi
cabello… No fue dolor lo que se produjo sino un grito más placentero, no sabía
que eso me haría sentir así; desorientada, perdida en la nada, queriendo que
siguiera sin parar.
No sabía que pecar era tan placentero, de haberlo sabido
hubiese sido pecadora desde aquella milenaria carrera.
El tiempo transcurrió con la prisa que lleva un ladrón…
Me encuentro ahora en mitad de una playa tirada en tantas
posiciones que no se puede describir cual es cual, solo sentía el azote de sus
caderas contra mí, su mano en mi cabello tensándolo, la otra azotando… Mientras
yo cambio la posición para el disfrute eterno de mi cuerpo con el suyo. La
verdad este es más minucioso que el de aquella primera vez, donde apenas podía
moverme a gusto, en este caso le hago retorcer cada extremidad de su cuerpo
mientras mi boca degusta un manjar que no es igualado a la ambrosía de esos
alabados dioses.
La playa no fue lo suficiente para saciar esas ansias de
devorarlo de pie a cabeza… Anduvimos por muchos sectores de la ostentosa ciudad;
buscando placer en cada esquina. Tras haber divagado por varias horas por las
calles de aquel mundo placentero. Ya se asomaban al reloj las doce de la noche
y nosotros que seguíamos con el mismo fuego de la mañana.
En mi habitación mientras él contemplaba mi alrededor, yo
solo contemplaba el mágico juguete que llevaba en su entrepierna.
No necesito entrar en detalles de cómo terminé esposada y
siendo salvajemente complacida por un hombre que se movía con el furor de un
sanguinario cuando asesina, en este caso el buscaba acabar con esa sed
insaciable de mi cuerpo, uso todo aparato de tortura sexual que habitaba en mi
habitación… Por un momento me sentí orgullosa de ser una compradora compulsiva.
Llego mi turno y esta vez él era quien se mantenía encadenado a la cama
mientras yo convertía su cuerpo en mi único juguete sexual, él y nada más.
Amaneció y adivinen quien despertó encadenada y siendo
cogida a la manera del marqués de Sade. [C.O]
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