Rutina
Con cadenas prensadas a sus cuerpos, marchaban por los
caminos que conducían al paraíso; derecha, izquierda, derecha, izquierda.
Tan
monótono era su caminar que parecían un solo ser, ellos no sabían el porqué de
tantas penurias y agonías.
Libres dentro de su propia condición onírica y eso,
sus sueños eran regidos por las reglas terrenales que los dominaban.
No pretendían cuestionar nada de lo que les
afectaba, solo asimilaban cual borregos al matadero lo que se establecía en su
vida repetitiva… Al final del camino de entrada al paraíso solo se decían dos
palabras: bendíceme padre.
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