En un
rincón
Era
una rutina que ejercía con fervor; a ciertas horas me despertaba y contemplaba
con locura bellos retazos de arte que se encontraban en algunos rincones de mi
enorme casa. Me pasaba eternas y efímeras horas envejeciendo en la apreciación de
aquellos trozos de tela bañados por un poco de color; insípido, deplorable,
manchado por los años…
Existía
un cuadro que mostraba ciertos patrones encantadores, eran de súbito placer el
solo hecho de mirarlos, estos los puedo describir como:
Un
gran marco donde se encontraba una pequeña casa con un hombre en el umbral de
la puerta; mirando con angustia hacia un estanque que se encontraba a pocos
metros de la entrada, en él se veía el pálido reflejo de la luna, no sé cómo
entre algunas líneas de aquel estanque se podía entre ver la figura de una
mujer, bella cual reina de dolor implacable. Poseía una variación de colores en
escalas grises y sepias, el que en mayor medida era hallado era el negro; lo veía
en cada trazo, lo buscaba en cada trazo, lo pintaba en cada trazo.
Era ya
una costumbre despertar solo para contemplar aquella pieza de arte… Día a día
hallaba más detalles (sentí por un momento que mi pintura era pintada
progresivamente que yo la miraba). Solo habían pasado dos horas luego de haber
terminado mi pequeño reencuentro espiritual onírico. Se escuchó un impactante
ruido contra el suelo de aquella casa, como si restregaran con fuerza el suelo,
desperté de golpe de mi letargo nocturno al cual llaman sueños o mundo
paralelo. Procedí a inspeccionar la procedencia del funesto ruido, el cual me golpeo
como si me hirieran con un pincel, era todo diferente yo no era nada, era un
ser sin una verdadera realidad… Al salir de mi habitación observé una mancha de
tinta en el salón de la casa… Todo manchado de tinta, pensé que mis tarros de
pintura se habían derramado, que ingenuo.
Tracé
un trozo en vertical donde delimitaba cada parte de la casa, suelo, escaleras,
pisos superiores, todo lo marqué, repasé sin dudarlo. En mi pintura, se
encontraba un hombre sorprendido de todo a su alrededor, era la creación
principal de toda la obra, no había nada más con ese carácter de protagonismo
que él contenía. Terminé la obra y procedí a colgarla en un rincón de mi enorme
casa. [C.O]
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